Ahora que he caido y me he vuelto a levantar,
ahora creo en los besos de madrugada,
en las mentiras a medias.
Ahora comprendo todo aquello que se me escapaba,
todo aquello que callaste,
todo lo que ignoraba.
Creo en tu mano amplia y tranquila,
en tu palabra arrojadiza,
en el mal carácter de la mañana
y el desaliento en la medianoche.
Ahora que han caido torres altas,
tsunamis han destrozado países
y terremotos han movido mis cimientos,
ahora empiezo a creer que la osadía es un don divino,
la despreocupación un lujo
que solo algunos alcanzan
y tu mirada el mayor bálsamo
que he podido encontrar.
Porque a esta hora tan tardía,
ya ni creo en mí,
y es ahora cuando descubro
que tu caricia es el mejor manjar,
tu aliento en mi oreja la mayor de las bendiciones
y tu presencia en mi vida
un regalo impagable a los dioses.
Es ahora que ya no creo ni en mí,
es cuando empiezo a creer en tí.
martes, 25 de octubre de 2011
jueves, 20 de octubre de 2011
Ayer
Al despertar en la mañana,
al buscar el aroma,
el dulzor de la naranja,
lo salado de tu piel.
He caido de bruces con esta
realidad vespertina,
no te encuentras en los pliegues
de mis sábanas,
no te contiene el aire de la habitación,
solo te has esfumado tras el sonido
del despertador.
El café no es el aroma de tus lágrimas,
ni el hueco de la almohada
ese fantasma de tu figura
sobre la pared.
Al despertar en la mañana
he vuelto a sentir, lo que sentí ayer.
al buscar el aroma,
el dulzor de la naranja,
lo salado de tu piel.
He caido de bruces con esta
realidad vespertina,
no te encuentras en los pliegues
de mis sábanas,
no te contiene el aire de la habitación,
solo te has esfumado tras el sonido
del despertador.
El café no es el aroma de tus lágrimas,
ni el hueco de la almohada
ese fantasma de tu figura
sobre la pared.
Al despertar en la mañana
he vuelto a sentir, lo que sentí ayer.
martes, 4 de octubre de 2011
TODAVÍA
Todavía siento tu aliento en la mañana
junto al lóbulo de mi oreja;
y rasco verdades a las jambas de las
puertas entreabiertas.
Todavía crujen mis dedos al filo
de la medianoche y escupen
mentiras que se burlan
de esta pena mia.
Todavía el olor de la papaya
se deja sentir en las noches de verano,
mientras saxofones melancólicos
y
cadenas de corales se anidan
en mis sueños más banales.
Todavía el alba me sorprende
cantando melodías en voz baja,
pretendiendo la voz que no me
pertenece
y prendiendo maleficios a los
caminantes.
Todavía llego tarde
a aquellos sitios en los que tú has estado,
maldigo las agujas de los relojes
y descanso en la mañana
escribiendo en la noche.
Todavía me siguen comiendo los recuerdos
las mentiras por dentro,
escupo las verdades a cualquier instante
y creo en mitad de la noche,
que vuelves a mi radiante.
BAJO UN MILLÓN DE SOMBRAS
Bajo un
millón de sombras recuerdo los atardeceres en el pueblo, al final del verano,
cuando todo se acaba, pero a ti no te importa porque apenas lo sabes.
La sombra de
la sospecha, del verano que se va, la sombra de la incertidumbre, del no saber
qué pasará, la sombra del miedo, de encontrarte con lo desconocido; la sombra
del desengaño, cuando descubres, que si, que las cosas terminan, que acaban,
igual que empezaron, nada es eterno.
Las sombras
llegan tarde o temprano, ellas hacen actos de presencia. Y tu vida comienza a
llenarse de ellas, cuando mayor eres, es peor; más y más sombras van
apareciendo a tu alrededor.
Tratando de
ser un buen adaptado social, como mandan los cánones , tu vida se llenará de
sombras que te sorprenderán en cada esquina.
Y en medio de
este paisaje herrumbroso, un momento de delirio; de felicidad inusitada hace
acto de presencia. Las sombras se aletargan, se disipan en el horizonte, pero
cuando este pasajero momento pase, volverán las sombras que te cobijan. Llegará
un momento en que vivir en ellas, sea de lo más normal; ese día las
incorporarás a tu vida, como unas buenas amigas, entonces, vivirás bajo un
millón de sombras.
Un millón de
sombras, que en algunos momentos no te dejarán ni respirar, algunos la llaman
angustia, otro ansiedad, es una de las sombras más comunes que aparecen en las
vidas de las personas, para algunos es tan común como el comer.
Hay médicos
que tratan estas sombras, con medicamentos o sin ellos, deporte, homeopatía,
todo es válido cuando queremos hacer frente a unas sombra.
Pero las
sombras, como todas las sombras, tienen momentos en los que no las ves, pero
están ahí. Difícilmente puedes luchar contra ellas, porque cuando bajas la
guardia vuelven.
Ese millón de
sombras bajo el que vivimos, es tan solo un reflejo de nuestra sociedad, de
nuestras gentes, de nuestras familias, de nuestras vidas en general. Solo
cuando eres niño crees disipar todas esas sombras, acaso ya estén ahí, pero
quizás aún no las conozcas. A medida que vas recorriendo el camino de la vida,
las sombras van apareciendo, o más bien, las vas percibiendo. Las vas haciendo
tuyas, hasta que aprendes a combatirlas, o simplemente a vivir con ellas.
Despedida
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