Abrió la ventanas
y sacó la desazón a pasear,
perdonó las batallas
secó las lágrimas,
enjugó el llanto
y gritó el silencio.
Se engañó como un bellaco,
limpió cada esquina de rencor,
publicó en primera página
su corazón roto,
y envió por correo
a otra dirección
todo su dolor.
Escribió un nuevo capítulo,
borró el último que escribió,
deshizo las cartas que antaño
escribió con sangre
y sacó un nuevo folio
para dar vida
a una nueva ilusión.
Tan ensimismado
estaba en su nuevo futuro,
que olvidó el pasado,
el presente,
y hasta aquel desamor.
Pero olvidó que el olvido
es tiempo,
y que el tiempo
no había pasado
aún en su corazón.
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